La salud en Francia
Como siempre me cogió el estrés. Me estrechó entre sus brazos y no me dejó ir, sin antes darme un besito de despedida y un recuerdo no muy agradable. Un dolor de estómago extraño, que no me dejaba caminar, se apoderó de mí e hizo flaquear a mi poderoso orgullo. Tuve que ir a un hospital. Infortunadamente, la administración francesa es demasiado ineficiente: son torpes, desordenados y escuetos en todo. A veces, solo a veces, casi que extraño a la administración colombiana. Por lo tanto, mi trámite para la seguridad social aún estaba en curso y no sabía cuánto tendría que pagar por esta urgencia. Al llegar al hospital lo hicieron en español, al darse cuenta de mi primitivo y básico francés. Me dieron pastillas para aguantar el dolor durante la espera, que no fue tanta y me atendieron pronto, pero con calma y sin prisa. Estuve en observación y al darse cuenta que los medicamentos efectivamente estaban surtiendo buen efecto, me enviaron a casa. No sin antes ordenar unos exámenes de san...