En el reino de los borregos
Como en casi todos los colegios colombianos, estudié en uno extremadamente católico y femenino en el que existía el absurdo acto democrático de «elegir al personero de los estudiantes». Este figurín no era más que una serie de ideas y propuestas posibles solo en un mundo maravilloso y ficticio extraído de un cuento infantil. Dicha actividad simbólica, realizada para meter el «pajazo mental» de estar contribuyendo a una transformación que jamás ocurrirá es impresionantemente similar a algunas actividades electorales de Colombia. En los seis años que estudié en ese colegio, todos las candidatas y personeras elegidas (que pertenecían a los dos últimos grados), prometieron todo tipo de cosas que hasta donde sé, no han ocurrido ni ocurrirán. Piscinas, canchas de tenis, clases de danza, concursos de canto, «jean day», bazares, «fashion shows», fiestas nocturnas, presentaciones de artistas famosos, forman parte de las propuestas irreales que hasta el día de hoy retiene mi memoria como parte...