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Agradecimiento fantástico

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Tengo claro quienes son aquellos que han llegado a mi vida para cambiarla, para siempre. Esos personajes escondidos bajo una aparente normalidad, con una sonrisa encantadora y una conversación fascinante, que te envuelven en su cotidianidad y sin darte cuenta, nada vuelve a ser igual. Esos puntos de inflexión en mi vida siempre han estado influenciados por gente fantástica, que ha llegado a mi vida en los momentos menos fantásticos y la han transformado en algo inolvidable. La lista es larga, pero sustanciosa. A todas las personas que han llegado a mi vida, con su amistad y con su amor, para ellos solo tengo agradecimiento por lo que han hecho por mí, casi sin saberlo y casi sin proponérselo. Para todos aquellos personajes fantásticos, quiero hoy que sepan lo fantástico que es tenerlos en mi vida y como sin ustedes, no vale nada la pena. Porque solo vale la pena vivir la vida rodeada de quiénes te quieren y quiénes te aprecian: con tus locuras, manías extrañas y particularidade...

Confusión idiomática y automática

El dicho dice que nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde. Pero no hay ningún dicho que yo me sepa, para ilustrar que nadie se da cuenta de lo adaptado que está a un ambiente, hasta que se pasa a otro diferente. La zona de confort definitivamente es algo misterioso y hasta imperceptible. Luego de mi terrible y trágica transición hacia Francia, no había notado lo cómoda que estaba con todo lo que me rodeaba, incluido el antes desconocido y nunca apreciado lenguaje francés. Durante mis primeros días en Hamburgo, además de darme cuenta que traje la ropa equivocada esperando un frío de otoño, me di cuenta que tenía en mi cabeza incrustado un chip lingüístico más cercano al "oh la la" que a los sonidos guturales y toscos del alemán. Por supuesto, luego de año y medio de vivir en Francia, al tropezar con alguien digo por instinto “Pardon” o “Desolée” y para preguntar qué cuanto cuesta algo no falta el infalible “C’est combien?”. También, me había acostumbrado a saludar...